El aborto en Cuba: ¿un problema de salud pública?


En Cuba, la interrupción voluntaria del embarazo es legal, libre y gratuita desde el año 1965, cuando el gobierno legisló su práctica a petición de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). En Reino Unido lo fue en 1967 y en EE.UU. en 1973. España, por ejemplo, debió esperar hasta 1985 para que solo se legalizara en algunos casos, y en muchos países todavía sigue siendo completamente ilegal.

El aborto se define como la culminación prematura del embarazo de forma natural o inducida. En Cuba es permitido hasta las 12 semanas de embarazo y en períodos posteriores solo se permite en caso de complicaciones para la vida de la madre o del feto.

La práctica se lleva a cabo a través de tres vías, en dependencia del tiempo de gestación de la mujer: la regulación menstrual, el legrado y el aborto farmacológico.

Aunque en Cuba se realizan campañas educativas, el poco conocimiento sobre los métodos anticonceptivos y las dificultades en la planificación familiar se encuentran entre las causas de la elevadas cifra de mujeres que optan por el aborto.

Inicialmente el aborto se trataba en la Isla como un servicio médico que buscaba garantizar los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, pero con el paso de los años se ha convertido en un problema de salud pública, según destaca el diario Ahora en un reciente reportaje que recoge diferentes experiencias de mujeres que han vivido la experiencia de un aborto.

“En ese momento es la única solución en la que una puede pensar. Ya no sirve lamentarse por lo que hiciste o dejaste de hacer. Las cosas hay que asumirlas como vienen: o sales rápido del problema y sigues con tu vida o decides traer un niño al mundo, aunque no esté en tus planes”, afirma una joven convencida.

Otra mujer de 35 años explica que en su vida se ha hecho cuatro regulaciones menstruales: “En dos ocasiones estuve en una situación difícil. Me quedaron restos y me provocó una infección. Una de ellas fue bastante seria y pudo costarme la vida, demoré casi un mes para recuperarme del todo”.

Una estudiante universitaria, por su parte, destaca: “Todo ocurrió por un descuido. Fue un choque terrible cuando me di cuenta de mi embarazo, pero ¿qué iba a hacer? No me podía tronchar el futuro y perder mi carrera después de años de estudio. No fue una decisión fácil y todavía me da sentimiento pensar en eso, pero no tenía otra opción”.

Según el testimonio de una enfermera entrevistada: “La paciente decidida a interrumpir su embarazo debe asistir primero al consultorio de su área de salud donde se le orientarán los exámenes complementarios pertinentes. Luego, en una consulta preaborto se valoran las características de la paciente y se le aclaran todos los riesgos”.

“Debe llevar una carta de conformidad con el proceder y, si es menor de edad, el autorizo de sus padres o tutores. Se le da el turno y a partir de ahí tiene tres días para pensar bien su decisión”, añade.

Sin embargo, sabido es que la práctica de un aborto en Cuba dista muchas veces de seguir el protocolo descrito y se maneja a menudo con ligereza.

Aunque los ginecólogos suelen recomendar que el aborto siempre sea la última opción y advierten sobre los riesgos a corto, mediano y largo plazo, si la paciente decide hacerlo, lo aceptan.

La regulación menstrual se realiza, por lo general en los policlínicos y es el método adecuado para un embarazo menor de 6 semanas. Es un procedimiento invasivo y muy doloroso, donde no se utiliza la anestesia.

En cambio, si la gestación posee un tiempo de 8 a 12 semanas, se suele realizar el legrado, que es más complejo aún. El procedimiento consiste en desprender el embrión con una cureta y aspirarlo después hasta extraer todo el material de la cavidad uterina. A la paciente se le aplica anestesia general por vía endovenosa.

Todos los métodos abortivos son realizados a ciegas por el especialista, y su éxito depende de muchos factores como la edad de la paciente y las condiciones físicas.

Algunos especialistas consideran que el llamado aborto farmacológico es el más idóneo, porque conduce a la dilatación y contracción del cuello uterino hasta expulsar el contenido del endometrio.

Un ginécologo explica al citado medio cómo se realiza: “A través de un espéculo, a la paciente se le aplican dos tabletas dentro del canal cervical, dos tabletas en el fondo del saco vaginal y se le coloca un tapón humedecido por ocho horas. Pasado ese tiempo se retira el tapón y la paciente se introduce, ella misma, cuatro tabletas por vía vaginal”.

No obstante, este tipo de aborto también tiene sus contraindicaciones: “En caso de enfermad hipertensiva, asma bronquial, enfermedades renales y hepáticas o cicatrices anteriores en el útero, el uso de las tabletas no es recomendable”, explica un doctor.

Puede provocar, además abortos hemorrágicos o sangramientos no controlados que pueden comprometer la vida de la paciente. Teniendo en cuenta lo anterior, ese método solo se utiliza en mujeres que puedan recibir rápida asistencia médica.

La regulación y el legrado son las formas más riesgosas de culminar un embarazo y las complicaciones que se pueden producir son comunes a ambas. La perforación uterina es la más temida por los médicos porque, de producirse una perforación, la capacidad reproductiva de la mujer se ve afectada. En los peores casos se le suma una infección que puede conllevar histerectomía y, por ende, la infertilidad en la mujer.

El aborto produce “alteraciones emocionales en la mujer y muchas veces se tienen sentimientos de culpa y contradicciones morales”, explica una psicóloga cubana y por eso insta a que “las parejas y las familias en general tomen conciencia y responsabilidad de lo que significa un embarazo, se evitará someterse a un proceso que lastima el cuerpo y el alma”.